Archivos por Etiqueta: deuda pública

El tonto, la navaja y la Deuda Pública

El tonto, la navaja y la Deuda Pública en la economía del SueñoToda Europa parece atemorizada, los planes para reducir el déficit se suceden, Reino Unido 70.000 millones de euros, Alemania 80.000 millones de euros, de España no hablamos, hay que prepararse para lo peor. Si los europeos no somos capaces de reducir nuestro modelo de vida, el batacazo puede ser mayúsculo, de aquellos que dejan secuelas entre generaciones.

El efecto crowding out nos ha llevado a situaciones como la actual, competir con el Estado para financiarse es un problema que han pagado empresas, emprendedores y empleo. Una sociedad que ha creado riqueza, una sociedad de nuevos ricos, sin conocimientos de economía, financiación, e inversión, son peor que un tonto con una navaja. Es decir, hay tanto peligro que pueda dañar a alguien como a sí mismo.

La miopía de un sistema democrático que sólo nos necesita en época de elecciones, nos lleva a sufrir los vaivenes del capricho electoral dejando al margen lo que es necesario, imprescindible e imperioso modificar. Reconozco que resulta difícil inmolarse como bonzos, pero en política se viene a servir, en el mejor de los casos. Me pregunto por qué en España no funciona la meritocracia como en otros países. Donde los más capacitados gobiernan sin paternalismos, se equivocan seguro, pero cuando lo hacen no temen por la pérdida de poder y cuando meten la pata lo asumen con una dimisión.

Cuanto más buscamos el progreso material y económico, más infelices nos sentimos, sufriendo las carencias que creemos tener. Mientras cerramos nuestra razón, adoptamos creencias y valores materiales insatisfactorios que no nos llenan. El camino del crecimiento económico nos lleva al desinterés individual y a un pobre crecimiento personal.

En realidad no podemos decir que nuestros políticos sean tontos, sobre todo porque no se hacen daño a sí mismos, sólo a nosotros, volviéndose a presentar de nuevo cada cuatro años.
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La desconfianza mató al crédito en la economía del sueño

En la economía del sueño, en la que nos encontramos, la confianza o crédito ha sido la base sobre la que se ha construido todo. Una vez destruida la confianza el crédito desapareció y observamos cómo la estructura que soportaba el entramado económico se desmorona lentamente. Desmoronamiento que contemplamos en el funcionamiento de las bolsas de valores mundiales y en el incremento del precio de metales como el oro o la plata. Algo que obligará a los legisladores a crear leyes para tapar agujeros, de escasa utilidad a menos que la transformación sea radical.

Si en un inicio, los juegos perversos de banqueros sin escrúpulos minaron la solvencia del sistema, ahora es el momento de la deuda soberana. Perplejos por haber asumido niveles de riesgo más que elevados, sin temor alguno, ahora la falta de confianza está socavando la credibilidad de gobiernos de todos colores, reprochandoles su descuidada manera de gestionar. El problema es que algunos países se encuentran en una situación de la que les va a ser difícil salir. Tal y como preconiza la Escuela de Economía Austriaca, respecto a los límites máximos que puede soportar el endeudamiento de un país, antes de llegar a un punto sin retorno. Límites que se encuentran al superar el 73 % del Producto Interior Bruto (PIB) o al rebasar más del 230 % del total de las exportaciones.

Este panorama lo estamos viviendo ya con los problemas de países como Grecia y Portugal, que al tener una moneda común se convierten en un problema de todos los socios. Sin embargo, no podemos tapar un agujero de la deuda buscando más crédito. No solucionamos el problema, sólo se pospone.
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El efecto expulsión o crowding out en la economía del sueño

Crowding OutUno de los principales problemas en la empresa, es no saber de donde vienen los problemas. Son tantos los flancos que identificar  una fuente resulta complicado. Sin embargo, poco a poco vamos reconociendo las señales.

En este caso la situación tiene nombre y se la conoce como efecto expulsión o crowding out. Se produce en los casos en los que el déficit público es elevado y el Estado debe  buscar  capital para financiarlo. Para ello  emite una gran cantidad de deuda pública  a tipos de interés elevados con objeto de atraer  inversores. La consecuencia inmediata es un alejamiento de las empresas de la financiación bancaria.

En este caso, el mantenimiento de tipos de interés bajos por parte del Banco Central Europeo, no supone un fácil acceso al crédito. Si la actividad económica continúa siendo baja, aunque el precio del dinero sea barato, conseguir un préstamo  resultará  más complicado tanto para empresas como particulares.

En estas condiciones, el sector público se encarga de expulsar del mercado al sector privado. Las entidades financieras prefieren conceder préstamos  a los entes públicos dejando a un lado  a   particulares y empresas, ya que confían  en  recuperar su inversión, por el supuesto menor riesgo asumido. Pero se produce la paradoja de que sin crédito la actividad económica se  ralentiza  y multitud de iniciativas privadas no encuentran salida.  Se generan menor cantidad de  impuestos con los que pagar el endeudamiento público. Si la espiral continua, la situación  puede llegar a ser insostenible.

En la economía del sueño, el desconocimiento de  la trascendencia de nuestros actos económicos no nos impide perder nuestros depósitos. Estamos obligados a entender el funcionamiento de las operaciones que realizamos y sus consecuencias. Buscamos maximizar las rentas sobre el capital e inversiones hasta un punto donde el riesgo limita con la pérdida del mismo. Cuando jugamos en exceso con este equilibrio, corremos el riesgo de perderlo todo. Sin embargo, este no es el problema. Sino saber qué se hace y cómo se genera la renta de forma responsable. Asumir el riesgo personalmente,  no dejándolo  en  manos  de aquellos que ganaron nuestra confianza, para luego perderla a la misma velocidad que perdíamos nuestros depósitos.
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